12 nov 2014
En las profundidadess
Lovina está en la costa norte. Tranquila y pasada de moda, esta pequeña población dices es hoy día como la bulliciosa y turística Kuta, pero hace 20 años. Lo cierto es que parece haberse quedado congelada en el tiempo: sitios mal cuidados o abandonados, habitaciones de hotel viejas con baños cochambrosos y un ejército de balineses forzando un negocio pasado de moda que reclama precios excesivos.
Finalmente, termino por alojarme en un papartamento a pie de playa que está parcialmente renovado. La falta de presión en los grifos del baño y la total carencia de agua caliente le supondrían al dueño un importante descuento de última hora.
No había tenido tiempo de abrir la mochila y ya me estaban camelando para ir a bucear a la "cercana" isla de Menjangan, al oeste. No tenía planeado obtener la licencia de buceo hasta llegar a Tailandia, puesto que allí es presumiblemente más barato, pero sin ella las inmersiones son sólo e introducción, mucho más limitadas. Total, que al final vino el dive master a explicarme los pormenores y terminé por comprar el paquete: curso de Open Water PADI con dos inmersiones en Menjangan, otras dos en Tulamben y de regalo una salida en bote al amanecer para ver los delfines que pescan enfrente de la playa de arena negra que arranca desde mi apartamento. Ah, y me dejan una cámara subacuática para tomar algunas fotos.
Tras ver los delfines y alguna pequeña ballena, la escuela nos lleva a Permuteran. En el trayecto hasta la isla, mi instructor me enseña las técnicas necesarias para bucear con seguridad: control de la flotabilidad mediante el chaleco y los pesos de plomo, cómo limpiar las gafas debajo del agua, señales para comunicarse, situaciones de emergencia y sus actuaciones... La verdad que gracias a mis otras intentonas en el caribe colmbiano y en la gran barrera de coral australiana, no me resultó muy difícil.
La primera vez nos sumergimos hasta los 12 metros en la pared vertical del arrecife de coral. No tuve la suerte de encontrarme con grandes animales como tortugas, tiburones o mantas raya, pero sólo los corales y los incontables pececillos de colores me dejaron muy buen sabor de boca.
La segunda jornada será en Tulamben, en la costa este, donde el navío US Liberty de la marina americana fue torpedeado por un submarino japonés durante la II Guerra Mundial. Con el paso de los años y una erupción que cubrió parte del mismo con lava, el naufragio se ha convertido en una codiciada medalla para submarinistas de todos los niveles. Primero alrededor y luego atravesando agujeros en el maltrecho fuselaje, bajamos hasta los 18 metros.
El transporte de otra agencia nos llevaría ya al atardecer hasta Sanur, en la zona sur, notablemente más desarrollada y turística. En el camino ví la primera "autovía" con los primeros semáforos, y hasta Taksi oficiales. Otro dive master que va en el coche nos recomienda como alojamiento una habitación en la villa de un amigo suyo. Buen precio, localización y todo, hasta con piscina. Los dueños son una pareja de mi edad, balinés submarinista él, estudiante para instructora ella, de Canadá. Aquí em quedo unos cuantos días a descansar y poner en orden fotos, planes y estas líneas que escribo.
Primera semana
Los días y sus noches prosiguen su curso normal en la tranquila localidad de Sanur, donde se percibe rápidamente su proximidad al aeropuerto y otras zonas más turísticas como Kuta. Se trata, no obstante, de un pueblo lleno de cangrejos arrugados, expatriados jubilados sin gusto por el protector solar.El calendario me recuerda que ya han pasado los 10 día de rigor en esta isla. Es tiempo de reflexionar. Uno saca ciertas conclusiones, desarrolla nuevos hábitos y comportamientos. Por ejemplo, recordando el culto hinduista de la mayoría isleña, un servidor aprende a no pisar la multitud de ofrendas que ponen por todas partes: desde los templos hasta las motos, pasando por cada esquina en la acera o detrás de tu silla en un bar. Uno toma habilidad en la poco digna tarea de mirar para otro lado y no escuchar cuando los centenares de vendedores te quieren colocar un sharong, un servicio de taxi o una simple pulsera. También acentúa el espíritu regateador para todo.

Aprendes con sufrimiento y resignación que llegar a un sitio nuevo con tu mochila de backpacker y sin reserva de habitación se convierte en una odisea para esquivar los "agentes" que, por supuesto, siempre rezan "precio de amigo, barato barato". A pesar de que en ocasiones se haga cansino, he de reconocer que estos vendedores son siempre agradables y ofrecen una amplia sonrisa. Incluso cuando no te intentan sacar los cuartos de modo alguno, te bendicen el día. Y luego los hay también que te ablandan el corazón. Sin ir más lejos, hoy nos ha asaltado una jauría de ellos, pero en especial un chaval de 13 años nos ha contado que necesita vender sus manualidades, en este caso pulseras, para pagarse el instituto. Según su discurso, el estado paga el grado elemental únicamente, así que cuando termina la jornada lectiva se dedica a reunir las 300.000 rupias que le cuesta al mes. No soy de pulseras, pero la historia me conmovió.
11 nov 2014
Explorando la isla
El nuevo homestay, Don Biyu, recibe a sus huéspedes con una bebida de bienvenida. No obstante, lo mejor es sin duda el más que abundante desayuno. A elegir entre balinés, indonesio o americano, no falta el plato de fruta, el zumo tropical, cafe o té independientemente de la elección. Un buen comienzo para recargar baterías antes de salir a las montañas.
En el local anexo alquilan motos de baja cilindrada por poco más de tres euros el día. El casco abrocado y el depósito lleno bastan para partir hacia los jardines botánicos de Candikuning, al pie de los antiguos volcanes del centro de la isla. Tras pagar religiosamente el ticket de acceso para turistas se encuentra una de las especialidades del lugar: el centro de begoñas con multitud de especies y subtipos. Más allá, una colección de bambús de diferentes clases, un imponente ficus centenario o el jardín de orquídeas primitivas. Los locales acuden a este edén con sus familias a disfrutar del enclave. Sin embargo, posiblemente la atracción favorita para los extranjeros (también debido al precio) sea el parque de aventuras en los árboles con escaladas, puentes colgantes, cuerdas flojas entre tronco y tronco y largas tirolinas de hasta 50 metros. No podía ser menos, me coloqué el arnés y me lancé a la aventura.
Antes de retomar la carretera de vuelta a Munduk, se terción una rápida ojeada al mercado del pueblo, rebosante de frutas, colores y olorosas especias. Unos cuantos satay (pinchos morunos) sirvieron para engañar al hambre por un rato. Me llama la atención que los chavales cogen su propia moto con tan sólo 13 años y la llevan con mucha más soltura y destreza que un servidor.
A la mañana siguiente, habiendo dormido las doce horas reponedoras y necesarias después del esfuerzo en la copa de los árboles, toca calzarse las botas y echarse a los caminos con el objetivo de encontrar las cataratas más altas de todo Bali. Lo cierto es que el sendero es agradabe y permite adentrarse en las vidas de los lugareños. Sus patios sirven de secadero de kilos y kilos de clavo y vainilla, entre otros. En los cruces de caminos siempre hay alguien para indicarte y, de paso, venderte manualidades o paquetes de nuez moscada, jengibre, azafrán, clavo, pimienta... No entiendo porque insisten tanto en contratar un guía para esta sencilla ruta.
8 nov 2014
Ubud, centro cultural de la perla indonesia
El calor y la humedad invitan a zambullirse en el Tirta Empul, un templo hinduísta cuya historia cuenta que un dios golpeó el suelo con su bastón y desde entonces el agua purificadora brota del suelo para curar los males de los creyentes.
Acto seguido, el hijo de Ketut nos conduce a una plantación de café donde también producen el preciado café Luwak, o ca-poo-chino. Una especie de roedor se come los granos, los procesa parcialmente y... bueno, se recogen más tarde para tostarlos y molerlos. En la plantación nos muestran amablemente como preparan no sólo el café, sino el cacao, el gengibre, vainilla, clavo, azafrán, cardamomo, canela y otras muchas especias. Con el simple afán de mostrar su trabajo, traen una bandeja con 12 diferentes cafes e infusiones locales para que probemos.
La siguiente parada nos lleva al centenario templo de Gunung Kawi, haciendo un alto en la carretera para descubrir las terrazas de arrozales de un verde intenso salpicadas de palmeras. Para terminar tan largo día, qué mejor que perderse por el pueblo de Ubud para darse un masaje balines tras una temprana cena de Nasi Goreng (noodles fritos).
Los alrededores de Ubud tienen mucho m'as que ofrecer, pero la isla esconde otros muchos encantos m'as al norte: volcanes, cascadas y las famosas terrazas de arroz de Jatilawih, consideradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO. La travesi'a por las precarias carreteras toma su tiempo, m'as a'un con monos cruzando, motos a cientos y todo ello sin ning'un orden ni concierto. Finalmente llegamos a Munduk, entre las monta;as, donde el calor casi da un respiro y bajamos de los 30 grados cent'igrados. Paseando por este peque;o asentamiento vamos a dar a una trasera donde cerca de un centenar de balineses hacen sus apuestas por uno u otro gallo en una pelea que tiene poco o nada de civilizado. Atusan y encrespan a los contrincantes hasta enfadarlos tanto que, armados con la cuchilla previamente fijada a una pata, dan muerte al perdedor. No obstante, el ganador no augura mejor fortuna y acto seguido le cortan la pata y lo sacrifican igualmente.
Comienza la aventura
Tras más de un reencuentro, alguna que otra despedida, muchos papeleos con visita incluída al Consulado de España, termino de meter lo necesario en mi gran mochila de viaje, botiquín incluído que espero no tener niq ue sacar de su sitio al fondo del petate. Un largo e incierto camino me espera.
Con destino a Bali, mi vuelo sale con retraso notorio, lo que propicia una buena cabezada en el aeropuerto internacional de Pudong. La escala en Kuala Lumpur, Malasia, me ofrece la posibilidad de reencontrarme con mi amiga Sara, excompañera de trabajo en Sarmente que ahora vive en la capital del país malayo. Desde el primer paso se distingue que es mayoritariamente musulmana, así como angloparlantes, temerosos al volante y con una gran sonrisa.
La llegada a Bali parece un desfile de compradores en las rebajas de enero. Primero la cola para pagar el visado, luego la frontera (en mi caso, la cuarta vez que cruzo una en menos de 24 horas: China fuera, Malasia dentro, Malasia fuera e Indonesia dentro), aduana, recogida de equipaje y por fin el conductor camino de Ubud al guesthouse de Ketut.
26 may 2014
Sorpresa !!
27 mar 2014
La primavera ya llegó
4 dic 2013
Mongolia 3/3 - Templo tibetano y Desierto del Gobi
Un interesante paseo por los restos de la muralla China, no la espectacular que sale en todas las revistas, sino una más modesta, construida con el único objetivo de frenas las hordas del gran Genghis Khan e impedir el paso de los caballos gracias a un insalvable desnivel.
Más cautivadora fue la siguiente visita a un templo budista. Al más puro estilo tibetano, con sus millares de pañuelos de colores ondeando en las montañas al viento, los monjes con túnicas naranjas y cabezas redondas y los coloridos templos cubiertos de figuras, ofrendas y budas sin aristas.
El último día quedaba reservado para el gélido desierto del Gobi. Nos adentramos en las dunas montados en un jeep. Una vez en medio de las dunas, unos camellos nos pasearon como si estuviéramos de travesía entre uno y otro oasis. Una muy buena experiencia que terminó con la diversión propia de un niño que resbala por un tobogán. Sólo que esta vez no eramos tan niños y el tobogán era una duna de varias decenas de metros.
Mongolia 2/3 - La tundra y estepa mongolas
Un grupo nutrido de asturianos, madrileños, cordobeses, burgaleses, jienenses... pero también de suizas, germanas y americanas. Sumando llegamos a once jóvenes aventureros que son recogidos por un guía local, el cual nos encamina al primer lugar: el museo nacional de Mongolia. No obstante, estamos en Inner Mongolia y esta parte es formalmente parte de China, si bien sus habitantes se sienten Mongoles (a alguno seguro se le escapa una sonrisa).
Una comida sencilla, china, a base de noodles (espaguetis) con verduras y un atisbo de carne si eres afortunado; aquí puede ser menos de 15 yuanes, que al cambio no llega a 2 euros. Ahora bien, no esperes un lugar limpio, cálido y con un buen servicio. Todo ello dista mucho de la norma general por estos lares.
De vuelta al minibus, nuestra siguiente parada me emociona. Dormiremos en una Yurta, que para los no forofos de los documentales de La 2, son las casas que se construyen los nómadas en la estepa mongola. Mi imagen es algo rústica, con un mástil central y una estructura a base de palos, forrada con unas pieles y algún buen abrigo para cubrir el suelo. De ahí mi decepción cuando, tras 4 horas de pésimas carreteras, lo que encontramos son complejos turísticos de yurtas idénticas dispuestas cual urbanización. Se agradece que tengan dentro una estufa para quemar caca de oveja, pero con luz electrica, televisión y hervidor de agua...
Antes del anochecer montamos en caballo mongol. Y hago hincapié en mongol porque más que un equino imponente parece un pony venido a más. Desgraciadamente, no fue una experiencia agradable. Los caballos estaban muy tensos, no hacían caso a ninguna indicación y uno de los amigos cayó al suelo en un traspiés.
Mongolia 1/3 - Despegue forzoso
De repente, un estridente ruido me hace saltar de la cama. Desorientado en la oscuridad, sin comprender qué pasa ni donde estoy, descubro que es mi teléfono móvil. Lo cojo y reconozco la voz de María: dónde estás? llevamos un buen rato esperándote en el punto de encuentro.
Sin desayunar, sin tiempo para nada más que cerrar el petate, salgo escopetado a XiangYang Lu y asalto al primer taxista: directo al aeropuerto, en 1h sale mi vuelo! Como el taxista que habla inglés no existe aquí en Shanghai, le digo Hongqiao y
le hago entender aeropuerto, imitando un avión que despega de mi mano.






