Wat Pho, Wat Traimit, Wat Arun. Son algunos de los muchos templos que puedes encontrar en pleno centro de la ciudad de Bangkok. Cada uno podría rebautizarse con un nombre más indicativo que hiciera referencia a su peculiaridad: Buda Reclinado, Buda de Oro o Templo del Amanecer. Si, lo has adivinado: aquí son mayoritariamente budistas.
En busca de uno de los muchos mercados nocturnos, hice un alto en un parque. Quién me iba a decir a mi que, junto al contorsionista, nadando en el lago o subiendo a un árbol iba a poder ver a unos lagartos de más de un metro de largo campando a sus anchas. Ya en el mercado de Patpong, un rápido reconocimiento no deja en mí ninguna experiencia merecedora de mención. Si acaso, el pedir una cerveza que el camarero me invite a tomarla dentro y, una vez en la barra, se suban 5 chicas numeradas a bailarme. Es triste, pero una realidad palpable la de la prostitución ampliamente extendida y accesible. Incluso el taxista, camino de mi dormitorio compartido, intentó convencerme de ir a un Pingpong show.
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